Volver a nacer

Hay personas que no recuerdo ni cómo ni cuándo los conocí. Una de esas personas es Rafa Mier.

Lo que sí recuerdo son nuestras conversaciones. Siempre girando en torno a la Historia, al Desarrollo Humano, a TED, a la Historia de Nuevo León y a la Política. Incluso antes pensaba que era un neolonés de pura cepa. Primero por su apellido que es muy de aquí, Mier. Segundo porque no sólo quiere tanto a Nuevo León, además que conoce a su historia. 



Pero no Rafa no es de aquí. Rafa es de Sombrete, Zacatecas; y es desde ahí y desde su corazón que nos cuenta este libro, una autobiografía suya. Le agradezco por dejarnos este tesoro que es tal cual él deconstruido y expuesto. Un ejercicio muy valiente y que además se suele ver menos en los hombres y seguro hay más de un hombre roto allá afuera.

Rafa cuenta su vida y su relación con su padre. Se da, como se da muchas veces, el fenómeno de Edipo. El cual un día llega al mundo el primogénito y el mundo del varón (del marido) cambia. Los ojos de su amada, su esposa, cambian para posarse ahora en su hijo, en su nuevo tesoro y su nuevo amor.

Dependiendo de cada uno y su contexto reacciona. Algunos padres reaccionan agresivos, como el padre de Rafa, queriendo dictar la vida de su hijo. No dando lugar al diálogo y a la escucha interna del niño que descubre al mundo y al mismo tiempo se descubre a sí mismo. 

La vida de un hombre roto está anticipada por otro hombre todo. Rafa nos cuenta este proceso hasta el día día de hoy. 

Sin nunca antes hablar de este tema con Rafa me hizo conectar más con él. Por tanto tiempo también fui un hombre roto. Una relación con mi padre que no existió o eso pensaba hasta que encontré a la Palingenesia. 

Confirmo que un libro llega cuando tiene que llegar. Este libro llegó justo reflexionando este proceso de sanación y evolución que he vivido desde hace cuatro meses especialmente, ahora sí con una intención decidida. 

Un servidor con una situación parecida a la de Rafa. De nuevo cada uno en el contexto del hijo y en el contexto del padre. La Palingenesia, como su origen lo dice, me ha ayudado a volver a nacer. No es que cambie esencialmente pero antes vivía con el freno de mano. No podía entregarme porque ni siquiera tenía el control de mi vida. La Palingenesia me ayudó a entender qué había ahí. Me ayudó a entender porqué tenía un freno de mano, porqué había un velo en mí, porqué cargaba una loza tan pesada que me impedía ir ligero y soltarme por más que lo intentaba, porqué sentía que no podía ser feliz. 

La Palingenesia es una herramienta de autoconocimiento. Es la unión entre la Antropología Trascendental y la ciencia. Nos ayuda a encontrar que hay ahí en el inconsciente. Nos ayuda a entender porqué tenemos actos fallidos. Porque aunque nos esforcemos siempre volvemos a caer con lo mismo. Nos ayuda a entender qué es lo que hemos pasado y cómo se ha metido en el inconsciente. 

Todo está conectado y el ser humano es un ser integral. Nada está separado, somos una unidad. Con nuestras complejidades y contexto. Cada uno ahora sí que es cada cual. Todo ello nos va llevando por la vida, unas veces más conscientes otras veces menos. Yo iba por la vida de manera inconsciente. No porque yo quisiera sino porque no podía. No era dueño de mí. Vivía como atrapado en mí. Con algunos momentos conscientes pero la mayor parte atrapado sin poder quisiera poseerme.

La Palingenesia me ayudó a entender que había ahí, adentro de Luis Salas. En ese intelecto agente, concepto creado por Aristóteles hace 24 siglos. Más allá de la inteligencia y la voluntad. Aquello que está encendido aunque durmamos y que va guardando todas nuestras escenas. Mucho de ello queda atrapado en nuestro cuerpo, que nos habla y nos dice, eso no está bien. Cojeamos y literalmente cojeamos porque hay algo que nos impide avanzar, algo que no queremos aceptar o que no conocemos pero que nuestro cuerpo reconoce. Por ejemplo, una de las primeras cosas que me quitó la Palingenesia fue mi dolor de espalda baja. Padecí por años, de hecho duermo con una almohada entre las piernas para estirar la espalda. Aunque ya no padezco sigo con esa costumbre. ¿Por qué padecía de espalda baja? Por mi falta de autoestima. Cuando una persona no se acepta y reconoce, se agacha, cede siempre, se agacha ante los demás y el mundo que lo rodea. Aceptarme y reconocerme, hizo que una vez más levantara la cabeza y esa espalda se enderezara. 

La Palingenesia te hace revivir esas escenas del pasado; y ver y entender los orígenes de esa enfermedad, padecimientos o actos fallidos. Te lleva hasta el vientre materno. Que desde el primer momento no sólo somos un ser humano sino también una persona. Alguien no sólo con genética propia sino con personalidad propia. Claro, nos alimentamos de nuestra madre principalmente y del mundo que lo rodea. Lo que tiene más cerca del corazón. Cada uno de nosotros lo recibe y entiende de forma diferente. De ahí que incluso personas gemelas puedan entender al mundo de forma muy distinta. La razón porque lo entendemos así no lo podemos entender pero sí podemos ver qué es lo que provoca aquello que nos duele, que nos impide avanzar. 

En este proceso de Palingenesia ha predominado el amor sobre la ética. Desde hace cuatro meses decidí definitivamente e intencionalmente avanzar. Mi madre al ser la única persona que sabe y conoce hacer esto de la Palingenesia. Que además me conoce y sabe qué eventos me podrían haber marcado. Le dije: 'Madre, sé que muchos dirán que no es ético que tu madre o un familiar sea tu psicólogo y demás. Pero creo que aquí debe prevalecer el amor y me ayudes con la Palingenesia a entender qué hay en mí y avanzar ya en mi vida de una vez." Mi madre efectivamente en su amor, aceptó.

Entendí efectivamente desde el vientre materno a ver los problemas entre las familias (la de mi padre con la de mi madre). Ví la maldad de corazón y la maldad de las acciones de mi abuela paterna. Ví la convulsión de mi padre unas semanas antes de que yo naciera. No sólo ví eso sino entendí además cómo había afectado eso en mí. Desde el vientre materno no quería vivir y esa sensación perduraba hasta hace poco. Hasta que la Palingenesia llegó a mi vida. A lo largo de mi vida, sin querer y no saber porqué tenía pensamientos suicidas. Algo que incluso en los mejores momentos de mi vida, me decía hacia mis adentros: "Luis, que tú no tienes derecho a ser feliz. Es más no sólo no tienes el derecho ni siquiera puedes ser feliz." En algún momento de desesperación gritaba: "Me quiero suicidar." Luego se me iban los pensamientos. En 2015 cuando ese año cumplía 27 años. Decía: "Bien, este año llego a la edad en que muchos artistas se mueren. A ver si me muero yo ya de una vez." Sin ir más lejos, al iniciar este año me decía: "Cumplo este año 33 la edad de Jesús. Ahora sí me toca abandonar esta vida."

Esos pensamientos me traicionaban más de una vez. Incluso con las personas que más quería. En mi inconsciente lo notaban, porque no terminaba de sonreír plenamente. Porque no terminaba de disfrutar los momentos, porque no terminaba de soltarme.

No sólo eran esos pensamientos que invadían mi vida. En mi origen había más cosas. Esa sensación de no querer vivir desde el vientre materno también se reflejarían una vez nacido al mundo exterior. A mis pocos días de nacido convulsioné, y así en los días posteriores convulsión tras convulsión. Sin explicación alguna hasta el momento. Ahora con la Palingenesia entiendo que quería dar ese mensaje, estoy cargando con lo que le pasó a mi padre y estoy cargando con lo que mi madre también reciente. Estoy cargando con la situación que están viviendo que es también mi realidad. 

Las convulsiones no sólo afectarían mi motricidad también mi psiqué. Iría cojeando por la vida, con miedo, sin continuidad por más que yo quisiera avanzar me caía a trompicones. Entonces sucedieron dos cosas que le agradezco a mi madre: el no haberme dicho de estas convulsiones sino hasta muy avanzada mi edad y segundo el encomendarme desde ese momento a la Virgen de San Juan de los Lagos, que en la familia de mi madre eran muy devotas. Desde el momento en que me encomendaron a la Virgen pararon las convulsiones pero no así los efectos y consecuencias psíquicas que me acompañarían hasta hace unos meses. Agradezco a mi madre porque con ese gesto de no contarme sobre ese acontecimiento de mi vida me hicieron que desde pequeño fuera una persona perseverante. Esas dos cosas en mi vida pasada me salvarían: la perseverancia la lucha. Sumada a la fe humana a la fe divina. Si tuve una abuela paterna diabólica del otro lado tuve una abuelita materna angelical. Un descanso que aunque no sabía porqué, era el inconsciente en que identificaba en mi abuelita materna el amor y la paz que me hacía falta. Mi respiro. De hecho la mayor parte de mis recuerdos de la infancia son con la familia materna en ellos encontré refugio y aceptación.

Esta era la realidad con la que nacía, el contexto que me rodeaba. El no querer vivir y andar. De hecho por la parte motriz, me afectó sobremanera. Rehuía de lo físico. Teniendo un padre muy físico y que gozaba del deporte aunque yo lo gozaba en cierta medida era porque era la única manera de estar unido a mi padre. Pero también sufría porque el cuerpo no me respondía, no me daba. No podía pertenecer a ese mundo de mi padre. Así que la relación con mi padre se fue apagando, hasta el momento que prácticamente no había una relación. Incluso comenzó a haber un rechazo. Por tanto tiempo le tuve miedo. De hecho hasta ya crecido me orinaba continuamente. En la Palingenesia los problemas con la parte genital representa miedo y separación. Pero me orinaba y mi padre se enojaba y me golpeaba. Por lo cual era un ciclo vicioso, el miedo no se iba y yo me seguía orinando. Además que no había una relación ahí. Además que yo ni siquiera podría controlar mi vida. Me recordaba a mi mismo que no tenía derecho a ser feliz. Me recordaba incluso que yo no podría vivir. Además las veces en que quería correr no podía. Mi cuerpo no me respondía. No podía dar una maroma hasta la prepa. El hecho de correr, tocar un instrumento (aunque no sea del todo bueno) fue todo un reto porque el cuerpo no me respondía. Perseveré como pude, cuando luchas primero por tratar de coordinar.

Así que lo único que me quedaba hacer era aprender, era refugiarme en otro lado. Encontré a mis mejores amigos en aquel tiempo, los libros. Los libros no me golpeaban, además me transportaban a otra realidad. No sé si fue un talento o más bien un desear tanto querer leer. Un tío abuelo materno es profesor. Había ayudado a mi madre, además le había enseñado el rock y cultura. Además de fomentar en mi madre un constante deseo de aprender y de superarse. Así que por otro lado la música, la cultura, el Arte y la belleza aparecerían en mi vida muy temprano. Ahí encontraría refugio. Además mi madre, sonreía porque veía en su hijo lo que tanto ella quería haberlo hecho. Ahí sí encontraba aceptación. Ese mismo deseo, me ayudó a aprender a leer muy rápido, a los 4 años. Gracias al tío Juan. 

Al poco tiempo también hablaría Inglés no sé cómo ni cuándo. Mi padre, le agradezco (no todo era malo) porque esa separación con su familia le hizo buscarnos otra. Su familia lejana, los primos americanos. Desde pequeño nos llevó. Muchos de esos viajes se hacían hasta improvisados. Así que se convirtieron pronto en la familia paterna. Sí, en Estados Unidos pero al fin familia (de hecho en ambos lados mi familia lejana es americana). Así que mi primo de la edad, Kevin y yo nos convertimos en buenos amigos. Ahí con él, no sé cuándo nos comenzamos a comunicar. Pero con él comencé a hablar en Inglés. A los 6 ó 7 años, ya leía en Inglés, recuerdo mis libros de 'Goosebumps'. 

Llegó un momento en que el aprender y el ir de libro en libro, de afición en afición se convirtió en mi refugio. Pero también llegó un momento en que la relación con mi papá ya no existió. En que yo me fui a un mundo que a mi papá no le atraía y él siguió allá en su mundo. Mis únicos recuerdos eran mi papá viendo tele, mi papá trabajando, mi papá que no me escuchaba. De hecho en una de las intervenciones con mi mamá, le dije: "Madre, quiero saber porque siempre piso chueco. Porque no piso con el pie entero." Sí, el origen de eso estaba nuevamente en la relación con mi padre. Desde bien pequeño, mi padre clavado en la televisión. Yo hablándole y el diciéndome: "No hagas ruido. No me distraigas, estoy viendo este partido." Desde ahí entendí que si no quería que mi papá se enojara tenía que no hacer ruido, que no tenía que llamar la atención. Que era mejor estar callado. Incluso hacia el mundo exterior. Eso marcaría mi vida, tantas veces no querer mostrar lo que llevo dentro. Incluso no participar en clase sabiendo las respuestas. Incluso no quedarme con los empleos que en su momento quería al ser un desastre en las entrevistas de trabajo. Mi inseguridad se vió incrementada. No, quería brillar. Tan así que no quería hacer ruido ni llamar la atención que descubrí y aprendí a pisar de lado, chueco porque si no pisaba con la planta del pie no haría ruido. Me ayudó eso sí a ser muy discreto pero al mismo tiempo con miedo, mucho miedo. 

En esa infancia supe o sentía que lo mejor es que no existiera. Eso se veía en un ciclo continuo de sentir que no tenía derecho a ser feliz. Pero al menos ya tenía un refugio, los libros y el conocimiento. El otro estaba cruzando la calle. La casa de mis abuelos donde vivían mis tíos menores Joel y Javier. Otro refugio cercano. 

Conforme avanzaba en mi proceso de Palingenesia había algo que además de entender mi vida, enfrentarla y aceptarla. Había que entender algo más la relación con mi padre. ¿Por qué no me aceptaba? ¿Por qué me atacaba? ¿Por qué se mostraba así conmigo? ¿Por qué no quería que hablara con él? ¿Por qué había otras cosas más importante y prioritarias que su hijo que le buscaba? 

La Palingenesia además de ser muy antropológica es muy simbólica. Los idiomas son posteriores al lenguaje. El ser humano se comunica con símbolos que son anteriores a los idiomas. Los símbolos todos los podemos entender, es el verdadero lenguaje universal. Uno de esos símbolos es el león. El león representa a la autoridad paterna. Al momento de las intervenciones de la Palingenesia, uno puede ver cómo ve a ese león. Es decir, cómo ve a esa autoridad paterna. Mi león, es decir mi padre, era agresivo, me atacaba. Yo le tenía miedo, lloraba. Me seguía atacando. Mi madre en la intervención me decía: "Acércate al león, pregúntale: ¿por qué te ataca? ¿qué hay en su corazón?" La Palingenesia desciende al núcleo de las personas, a su mera esencia, a lo que es suyo. Conforme me acercaba al león pude ver que el león estaba herido, se estaba desangrando y me decía desde su corazón, de hecho en la Palingenesia se habla de corazón en el corazón. Sientes lo que la otra persona siente en tu corazón. Me decía ese león herido: "No quiero que seas como yo, por eso te ataco. No quiero que te acerques para que no seas como yo y vivas lo que yo he vivido." En lugar de que hubiera rencor de mi parte, había comprensión y compasión. Ahora entendía, como su inconsciente había actuado y le había dominado en sus actos. 

Mi madre me preguntaba: "¿Qué quieres hacer con el león?" y yo le decía: Quiero curarlo. Le sanaba las heridas a mi padre. Al mismo tiempo me daba cuenta que yo también era un león. Ya crecido. Le decía a mi madre: "Quiero que me cuente su historia. Quiero conocerlo." La verdad no lo conocía, prácticamente era una relación inexistente. Y me hizo ver todo lo que había pasado. Su infancia, el abandono de sus padres, la burla de sus amigos porque no tenía dinero y siempre se ponía lo mismo. El odio de su madre, la no aparición de su padre. Las brujerías de su madre, etcétera. Cómo habían aparecido las buenas personas que lo rescataron y cómo el reaccionó que la única manera era trabajando y refugiarse ahí. Ser aceptado, dando dinero y trabajando. Cómo encontró un padre, el padre Eliseo que lo protegió y enseñó. Ese mismo padre bautizó a cinco de los hijos y además en un tiempo vivimos en su casa. 

Me di cuenta, en la Palingenesia, que mi papá también era un hombre roto. Que había reaccionado a su manera, de nuevo cada uno reacciona de forma diferente, que era una persona buena (ya lo sabía pero lo comprobaba) y que era un milagro que estuviera vivo. Algo que también coincidía conmigo. Lo que sí su mundo se manifestaba hacia afuera y el producir y el trabajo y el mío hacia dentro. A diferencia que yo no podía controlar lo de afuera y el lo de adentro lo había borrado. Por tanto nuestros mundos eran muy difíciles de unir. Vivíamos en universos opuestos y a millones de kilómetros de distancia. 

Sin embargo ahora entendía, comprendía esa loza y ese miedo desaparecieron. No guardo rencor a mi padre, ahora de hecho lo quiero más. Creo que ahora lo conozco más que lo que él se conoce. Ahora, cuando él quiera y se decida, le tocará enfrentar su realidad. Esa realidad interior porque la exterior la ha enfrentado. Claro que le costará porque tiene dormida esa parte. Ojalá que lo haga por su bien, por el bien de mi madre y porque vivirá mucho mejor. 

Volviendo un poco, aunque no cambie esencialmente. Viendo mi vida anterior también sé que ese Luis curioso, lleno de Arte, de lecturas y vida interior no desaparecerá. En el libro de Rafa, su padre lo obliga a trabajar en los negocios familiares, que no le gustan porque no iban con él. Además porque su padre se mostraba agresivo. En lo personal los negocios de mi padre, me gustaban. No me enojaba. De hecho no me obligaba a ir, de hecho yo quería ir. Al principio porque pensaba que me uniría más a él. Lo que sí pasaba lo mismo que en mi casa: "No puedo hablar contigo. No llames la atención. Vete de aquí, estoy trabajando. Vete por ahí." No había conversación ni relación. Mi abuelito materno, muy parecido a mi padre, hombre trabajador pero con un trato siempre cercano hacía mi. Ahí trabajaba con mi papá. Me iba con él a su oficina de contador, en el sótano. Ahí olvidado pero mi abuelito era feliz. Ahí con los choferes, con los de mantenimiento. Con ellos nuevamente encontré refugio. Encontré refugio en la sencillez. con los que no llamaban la atención. Me enseñaban, desarmaban los CPUs, me subía con los choferes a entregar equipo. Sonreía, ellos me aceptaban. Entendí que se podía ser feliz desde ahí con lo sencillo. Que había mucha sabiduría y vida ahí. Es una característica mía, sin verme soberbio, la sencillez. Muchos amigos me dicen, eres el mismo aquí y en todos lados. En ese sentido si no me siento mal, no tengo miedo puedo platicar de esto y lo otro. De hecho la vida me ha enseñado que los más cracks, los verdaderamente cracks son más sencillos. Además que me recordaba a la familia de mi madre, esa sencillez, ese buen vivir. Ahí yo también vivía.

Crecía y no tenía miedo de irme a los barrios de la señora que ayudaba en la familia con el aseo a vender ropa y juguetes al mercado. Ahí en Tierra y Libertad. Sentía que también ahí los ignorados de la ciudad, el último rincón, el otro Monterrey me enseñaba muchísimo. Parecía que en esas circunstancias disfrutaban más la vida. Cuando llegó el Car Wash, el negocio familiar también lo disfruté muchísimo. Iba a trabajar con gusto. Encontré nuevamente refugio en los trabajadores. También marginados, ignorados, muchos también de fuera que venían a Monterrey a buscar una mejor vida. Los que eran de Monterrey vivían en La Campana, en La Risca, incluso fui con ellos. Me iba a jugar con ellos fútbol a las antiguas canchas del Río Santa Catarina, no a las de pasto sintético, a las de tierra. Me enseñaron su mundo que sería el mío. A cambio yo les ofrecí el mío y encontré mi vocación de consultor. 

Cuando volví de España, al mundo que no quería irme porque era feliz, lejos, en otra realidad. Pero que aparecieron los fantasmas y traumas, sumado a la crisis económica. Pero de nuevo no poder soltarme, vivir inconsciente, no poder darme, sentir que no merecía esa vida. En las entrevistas de trabajo nervioso, no me salían las palabras aunque gritaba por dentro. Vivía con esa nostalgia y sin aceptar esa realidad a mi regreso. En continua tristeza de que esa vida no tenía derecho. Pero ya también en la Palingenesia aceptar esa realidad, agradecer lo vivido. Ahora mi etapa española, de Navarra, vive en mí no con tristeza sino con agradecimiento, con alegría, suma a mi vida, a mi experiencia, los recuerdos ahora no me tiran para abajo sino me fortalecen y me hacen también sentirme aceptado y aceptar el Luis que evolucionó allá y que es ahora.

Fue ahí que en el Car Wash uní la sencillez y sabiduría con el Arte. Les llevé ese mundo de la lectura. Pusimos una Librería Gratuita y ahí ellos encontraron otros mundos. Tuvimos conciertos gratuitos. Ellos comenzaron a leer novelas e incluso Literatura Clásica Española. Demostraba que efectivamente el lenguaje universal era la belleza. Comprendí que pese la relación con mi padre, había tantas cosas buenas que nos unían (unen) y que también agradecí como indirectamente el trabajo que tanto esfuerzo le ponía aunque no me unía con él directamente, me abrió el mundo hacia la sencillez y ayudó a encontrar mi vocación profesional.

¿Qué pasó con mi vida pasada y mis traumas con la Palingenesia? 

La Palingenesia al revivir esas escenas dolorosas y también buenos recuerdos me ha hecho una a entender aquellos acontecimientos. El cuerpo y el inconsciente hablan para alertarnos que algo está mal para que nosotros lo entendamos. La verdad que no lo solemos atender y realmente terminamos cayendo sin saber porqué. Ahora que lo entiendo. Han desaparecido esos pensamientos, mi cuerpo comenzó también a liberarse.

No les he dicho pero a partir de 2014 un refugio fue correr. Encontré una forma de sacar el estrés y no pensar en lo que tenía delante, al menos descansar. Lo mismo pasaba que quería correr más rápido o bajar mis tiempos y no podía. Ahora con la Palingensia cuando corro, floto. Mis tiempos han bajado en más de un minuto por kilómetro. Siendo esto muy difícil para un corredor. Hace unos días escribía un Microcuento que decía: "Antes corría con la esperanza de irme disfrutando, ahora corro con la esperanza de vivir disfrutando." Efectivamente, aunque disfrutaba corriendo siempre decía bueno si me da un infarto o me atropeyan al menos habré muerto haciendo lo que más me gusta hacer. Ahora no, sé que existe el riesgo pero no pienso en ello. Pienso en disfrutar y vivir, hasta mi corrida se vuelve más consciente. Y ahora tantas veces voy corriendo de una sonrisa de par en par. Ya no es un escape, es un reflejo de mi vida y de otra faceta en la que ahora también estoy más que feliz.

Entendiendo eso también en la Palingenesia, una vez que entiendes y ves esas escenas y ves como has repetido ese patrón en distintas etapas de tu vida. Te ves desde pequeño hasta que vas creciendo. Incluso conmigo ha pasado algo que no es tan normal, ves el futuro. El cual también me ilusiona tanto. Una de las cosas que pasa en la intervención una vez entendiendo es salirte de ahí. Y ves cómo va desapareciendo esa debilidad, como comienzas a avanzar en la misma intervención pero también en tu vida en el exterior. Abandonas esa realidad que vivías antes, tú mismo cuerpo cómo les decía se suelta, deja de padecer ese dolor externo mediante el cual te decía que había algo que tenías que resolver.

Mi pesadez ha cambiado a ligereza, he recuperado el groove. Mis pensamientos suicidas han cambiado a esas ganas de vivir.  No es voluntarismo es algo más profundo es avanzar con toda mi persona. Se ha manifestado en todo hacia afuera también. Estoy más suelto, mi cuerpo me responde, mis palabras, mi sonrisa. Realmente he vuelto a nacer. Me he dado cuenta que todo lo que ha pasado también ha sido providencial. Así como a los 33 años, decía que era la edad de Jesús y que moría, también ahora vivo la segunda parte. Ha habido una nueva vida, un resucitar y resurgir en mí. Ahora a mis 33 años comienzo a vivir, comienzo ahora sí a controlar mi vida. Entendiendo que todo pasó porque así tenía que ser. Que así ahora lo valoro. 

También ahora comprendo más, soy más paciente, comprensivo y compasivo con las personas. Entiendo que cada uno vive su lucha. Que cada uno carga con su mochila y con sus cosas. Que cada uno tiene que aceptar y enfrentar su vida, y sus tiempos. Estar más en paz, saber disfrutar, saber agradecer. Y que merecemos todas las oportunidades del mundo, porque todos tenemos nuestras batallas, nuestro inconsciente, nuestros actos fallidos. Así que toda la oportunidad y el tiempo que quieras, sí claro que sí.

En estos tiempos también me han dicho: "Luis, eres un sol, brillas." Bien me han dicho: "Me traes mucha paz. Me traes mucha luz." También se ha ido notando hacia afuera y se empiezan a dar las cosas. Me decían antes: "Luis, haces un montón de cosas no sé cómo puedes." La verdad no sabían cuánto me esforzaba, todo el trabajo que tenía que hacer y que no se daban las cosas pero ahí estaba esa perseverancia. No sé decir en cuánto porcentaje de mi estaba antes lo que sí es que simplemente no estaba. No podía estar y ahora sí lo estoy. Que lo positivo y virtudes de antes no desaparecerán. Que como decía en un Microcuento lo sé y en mi corazón esta: "Esa alegría y paz que no se irán más."

Antes de escribir esta reseña y post, me dí cuenta que Rafa había puesto en su firma y dedicatoria que me hizo: "No dejes nunca de brillar." Y es un deseo que también ahora llevo dentro, no dejar de brillar. No por soberbia sino porque sé que lo puedo hacer. Porqué sé que todos estos años con toda esa riqueza que me guardaba para mí y no mostraba por todo lo que acabo de contarte pues ahí sigue estando. Y al mismo tiempo que es lo que deseo para todos y más para las personas que amo, ¡que brillen! Que fluyan, que avancen porque hay muchos corazones nobles que están en el estado que estaba. Además que digo no brillo sólo por mi; más bien y principalmente por una luz mayor, por la luz en concreto yo soy un satélite que se deja ahora brillar por eso más grande. 

Agradezco todo lo que precedió a este momento, a mi mamá, a mi Papá, a Rafa por este libro. A esas personas que Dios puso en mi camino y que me hicieron querer ser mejor y decidirme hacerlo y enfrentar esta vida. Porque sí buscar ser mejor es un acto de amor. 

Ahora me digo a mis adentros que termine por aceptar esta nueva vida, este nuevo Luis, esta oportunidad. Y me repito como buen fan del vino: "A vino nuevo, odres nuevos." 

Comments

  1. Impresionante Luis. No tenía ni idea de todo tu mundo interior. Enhorabuena por dar ese paso hacia adelante, aceptando tu pasado y quien eres -una gran persona-.

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    1. Gracias, hermano. Sí todo esto pasaba adentro de mí. Me voy acostumbrando a esta nueva vida. Todos cargamos con nuestra mochila pero ahí vamos. Un abrazo y gracias por tu constante apoyo y amistad.

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  2. Me encantó conocer esta otra parte de tí 💖 Te reconozco el valor para escribir todo esto y mostrarte desde tu vulnerabilidad. Efectivamente hacen falta más personas dispuestas a esto. Te mando un abrazo enorme, espero que sigas creciendo, descubriéndote a tí mismo, aceptando, sanando, reescribiendo tu historia, reinventándote y bueno, ya noa tocará estar aquí para nuestros padres cuando ellos también decidan despertar. Estoy segura que los recibiremos con los brazos abiertos.

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